Hay que ponerle un moño a la vida

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Ayer, durante todo el día, ingresé a las páginas de internet de los principales medios de comunicación colombianos esperando encontrar alguna noticia sobre la audiencia de los hermanos Francisco y Catalina Uribe Noguera, la cual fue aplazada para el 14 de diciembre luego de que los acusados no se presentaron a la diligencia del 26 de octubre alegando razones de seguridad. Los delitos que se les imputan son ocultamiento, alteración o destrucción de material probatorio y favorecimiento de secuestro.

Sin embargo, como me lo esperaba, no hubo ningún adelanto al respecto. Probablemente las joyitas de abogados contrados por la familia Uribe Noguera encontraron una nueva grieta en el sistema judicial de nuestro país para hacerle el quite al “paquete de vacaciones todo incluído” que el duo de cómplices tiene pendiente en una cárcel colombiana.

Al tiempo que buscaba información sobre el caso de Yuliana Samboní, encontré los artículos que conmemoraban el quinto aniversario de la masacre ocurrida el 14 de diciembre de 2012 en la escuelita elementaria Sandy Hook de Newtown, Connecticut.

Mientras miraba las fotos de los 26 ángeles que murieron ese día–20 pequeñitos y seis heroicas profesoras de primero de primaria–me ataqué a llorar al ver que la edad promedio de los niños asesinados era la misma que mi hijo tiene hoy en día.

Las tragedias de las familias Samboní y las de Sandy Hook me recuerdan lo afortunada que soy. Diariamente le doy gracias a Dios porque mi hijo esta creciendo sano en un ambiente seguro, porque comparto mis días y mis noches con mi esposo quien me ama, me valora y me respeta, y porque tengo la libertad de escribir y expresar mis opiniones sin miedo a la censura.

Con tanto dolor que existe en el mundo, esta navidad me voy a poner un moño en la cabeza y a sentarme debajo del árbol para celebrar el regalo de mi vida.

Mañana empezaré a rezar la Novena de Aguinaldos al frente del pesebre que me ha acompañado por casi diez años. Una vez más le pediré al Divino Niño por la salud y el bienestar de mi familia, y por todos los padres y madres que han perdido un hijo por culpa de la violencia irracional, en especial los Samboní. Solo el poder de Dios puede remendar esos corazones rotos. 

Con mucho cariño desde hoy les deseo una Feliz Navidad.

Gracias por leer y compartir.

Xiomara Spadafora

Esta columna fue patrocinada por Zellner Insurance Agency. Muchas cosas en la vida no tienen seguro. Para todo lo demás, llama a Zellner (888) 208-8119

 

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