Música para planchar

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La noticia de la muerte del cantante español Camilo Sesto el domingo pasado, 8 de septiembre, revivió una de las memorias de mi tierna infancia que más quiero: escuchar a mi mamá cantando baladas románticas en español o la denominada “Música para planchar”.

Recuerdo que tenía cuatro años y la ruta puerta a puerta del preescolar me recogía a las 6:30 de la mañana en punto. Mi mamá se maquillaba, con el inconfundible estilo de los años ochenta antes de irse a trabajar, y tarareaba las canciones de Rocío Durcal, Los Bukis o José Luis Perales mientras me peinaba.

El dial del radio-reloj despertador se mantenía inmóvil en la emisora Acuario Stereo, y todas las mañanas la rutina se repetía. Gracias a Dios tengo el privilegio de tener una cantante excepcional como madre, de lo contrario habría quedado con sordera permanente.

Aunque Camilo Sesto no era uno de los intérpretes favoritos de mi mamá, cuando escuché la noticia de su muerte inmediatamente la asocié con la música de plancha. Por esta razón, y gracias a Pandora–una aplicación de celular similar a Spotify–llevo una semana cantando a grito herido en mi carro aquellas canciones inmortales.

Como tu mujer, Amor eterno, Hasta qué te conocí, Y cómo es él, Si no te hubieras ido, y cientos de canciones más, marcaron no solo la generación de mi mamá sino también la mía. ¿O cómo más se puede explicar que yo pueda cantarlas al pie de la letra cuando las aprendí a tan tierna edad?

En mi opinión el éxito de estas canciones dentro de la comunidad hispanoamericana radica en el tema principal de las letras. Las historias de desamor y engaño de la mayoría de las baladas románticas conmueven a quienes las escuchan, estén o no atravesando por una pena de amor.

Sin lugar a duda no existe un sentimiento más poderoso que un despecho. En mis años de soltería, la mejor dieta era terminar con un novio y sentarse a cantar con las amigas al calor de un aguardiente.

El estilo inigualable de este género combinaba la música con la interpretación dramática en escena. Esto convertía, en mi opinión, las canciones de la música de plancha en la ópera de las masas de habla hispana.

Para la muestra está la canción de Pimpinela “Olvídame y pega la vuelta” en la que los hermanos de sangre Lucía y Joaquín Galán Cuervo se despachaban en insultos como si fueran unos amantes heridos.

La lista de los exponentes que engalanaron las décadas de los años 60, 70 y 80 se sigue reduciendo y su muerte está condenando el estilo de la balada romántica a la desaparición, ya que las nuevas generaciones de artistas están dedicados a satisfacer los deseos de las plataformas digitales en lugar de las tarimas.

Por mi parte, seguiré cantando las canciones de Marco Antonio Solis y Juan Gabriel, planche o no planche.

Gracias por leer y compartir.

Xiomara Spadafora

Una moda por otra

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La Organización Mundial de la Salud asegura que la adicción al cigarrillo cuenta 1.1 billones de fumadores en el mundo. En consecuencia, 8 millones de personas mueren al año. De éstos, 7 millones son consumidores activos y más de un millón son fumadores pasivos. 

Debido a la dificultad que representa contrarrestar esta adicción, los cigarrillos electrónicos o vaporizadores de nicotina (ENDS por sus siglas en inglés) encontraron un nicho fértil para su propagación masiva desde su origen en China en 2003.

Pero luego de posicionarse como una alternativa menos nociva que el cigarrillo combustible, la OMS proclamó en septiembre de 2008 que los cigarrillos electrónicos no pueden ser considerados como una ayuda para dejar de fumar.

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