Prometo No Cambiar

El viernes pasado mi esposo aterrizó en Bogotá, y con su llegada empezó la última semana de nuestras vacaciones en Colombia. Cuando lo recogí le pregunté cómo le había ido en la escala en Ciudad de Panamá. “Espectacular. No tuve un solo problema”, me contestó feliz pues su vuelo llegó 30 minutos antes de lo esperado.

¿Quieren saber cuál fue mi experiencia? Un calor infernal en el aeropuerto Tocumen, que al parecer no pagó el recibo de la energía pues el aire acondicionado estaba dañado. Una hora de retraso en nuestro vuelo de conexión, y para rematar, tuvimos que esperar media hora dentro del avión para despegar—todo esto amenizado con el berrinche de mi niño de cuatro años que estaba con hambre y con sueño. ¡Como siempre a mí me fue como los perros en misa y a él como el Rey de España! Pero bueno, lo importante es que llegó sano y salvo. Sigue leyendo “Prometo No Cambiar”

Más Que Mejores Amigas

Ser hija única me enseñó desde muy temprana edad a ser independiente emocionalmente y a enfrentar los desafíos de la vida sin “segundas opiniones”.

Aunque los hermanos de mi mamá son como si fueran los míos –pues los menores todavía estaban estudiando y vivían con mi abuelita, mi mamá y yo en la casa en que crecí—la mayoría del tiempo andaba sola como un cactus.

Sin embargo, aprendí a apreciar la soledad; jugaba a las muñecas, leía libros, y hablaba con mis amigos imaginarios todo el tiempo –tranquilos, no soy esquizofrénica, aunque mi marido diga lo contrario. Sigue leyendo “Más Que Mejores Amigas”

“Mi amor… estoy tan aburrido”

Solo dos semanas han pasado de las vacaciones más largas que he tomado desde que me casé, y ya puedo escuchar la ansiedad en la voz de mi esposo cuando hablamos por teléfono. Además del acostumbrado “Te amo y te extraño” al final de nuestras conversaciones, mi esposo me dijo anoche: “Mi amor… estoy tan aburrido”.

A pesar de que nuestros días sean ocupados, maridos y mujeres comparten un espacio especial en el tiempo, que sin importar su duración, construye los lazos del matrimonio. Cuando uno está soltero es difícil imaginar pensar en otro. Nunca hay tiempo para pensar en las necesidades de alguien más cuando nuestros objetivos personales son la meta para alcanzar. Sigue leyendo ““Mi amor… estoy tan aburrido””

Fina Estampa

Una semana ha pasado desde que mi hijo y yo aterrizamos en Bogotá. Además del ajuste normal al clima frío y a la altitud –mi ciudad natal está a 2,600 metros sobre el nivel del mar—hemos disfrutado de la compañía de mi mamá, mi abuelita, tíos, tías, primos y sus perritos, y de mi mejor amiga del colegio y sus hijitos. Están leyendo bien; en solo una semana ya he visto a todas estas personas.

Los colombianos somos famosos en el mundo por nuestra calidez y familiaridad. No hay necesidad de una fecha o razón especial para visitarse; cualquier día se puede convertir en una reunión familiar en cuestión de horas. Sin importar si viven cerca o al otro lado de la ciudad, nunca es tarde para tomarse un cafecito y echar chisme. Sigue leyendo “Fina Estampa”

“¡Pero claro que sé prender la lavadora!”

Cuando lean esta historia, mi hijo y yo estaremos en el Aeropuerto Internacional de Orlando próximos a abordar el avión de Copa Airlines con destino a Bogotá, Colombia. Por primera vez en los 10 años que llevo viviendo en Estados Unidos desde que me mudé en 2005, estaré en mi ciudad natal por un mes completo. Si yo estaba como un “marrano estrenando lazo” de la felicidad antes del viaje, imagínense a mi Mamá –soy su única hija y mi hijo es su único nieto. Ahora, si bien es cierto mi alegría era incontenible, también me embargó la ansiedad de dejar a mi marido a cargo de las labores del hogar y de mis perritos, Rusty y Sasha. Sigue leyendo ““¡Pero claro que sé prender la lavadora!””