Mi Esposo “Vintage”

MiEsposoVintageAyer fue el cumpleaños número 56 de mi esposo  lo cual lo cataloga como vintage, no por la cantidad de años vividos, sino porque–como los vinos finos–fué el mejor producido en su año.

Ante mis ojos, mi marido es un hombre muy guapo y aparentaría menos años si su cabeza no fuera como una papa salada. Sin embargo, las mujeres lo miran y la verdad no me preocupa. Ya van a entender por qué. Sigue leyendo “Mi Esposo “Vintage””

“Nana, te extrañamos mucho…”

SONY DSCEl viernes pasado mi Mamá regresó a nuestro país, Colombia, después de una visita de tres meses. Una vez más, la despedida fue desgarradora pero más corta, pues la fila de seguridad en el aeropuerto de Orlando estaba interminable y mi mamá tuvo que entrar rápido. Parecía que estuvieran regalando plata.

Aunque los humanos de la familia vamos a extrañar a mi Mamá–alias Nana— los caninos lo harán más. Desde el momento que ella empezó a empacar sus maletas, escuché a mis perros hablar entre las muelas así:

Sasha: “¿Ya se va Nana?

Rusty: “¿No ves las maletas menso?

Sasha: “Juemadre… se nos acabaron las comidas puntuales y los paseos por la tarde

Rusty: “Así es. Volvió el SargentoSigue leyendo ““Nana, te extrañamos mucho…””

El Premio Mayor

Elpremiomayor.jpgEl sábado pasado jugó el Powerball (equivalente del Baloto en Colombia) más jugoso en la historia de los Estados Unidos, con un premio mayor de casi un billón de dólares. El domingo por la mañana–antes de saber que nadie se lo había ganado–no quería verle la cara al ganador en televisión. Me considero una buena persona, pero si me lo encontrara en la calle le hubiera dado un coscorrón por suertudo.

Hablando en serio—nunca le he pegado a ningún extraño en la calle—me imaginé por un instante que me ganaba toda esta plata… “¿Qué haría?”, me pregunté. Luego de una corta consideración, éstas son las primeras cinco cosas que me llegaron a la mente: Sigue leyendo “El Premio Mayor”

¡Lo que no sirva, que no estorbe!

LoquenosirvaquenoestorbeEmpezó 2016 y luego de emborracharme y rellenarme la noche de fin de año como un pavo—además de sobrevivir un guayabo terciario—llegó la hora de empezar a trabajar y poner en práctica los cambios prometidos.

Sin embargo, antes de empezar a escribir esta columna leí los deseos que hice el jueves pasado a la media noche. Desde hace muchos años, mi mamá y yo tenemos la tradición de escribir 12 deseos en un pedazo de papel, comer 12 uvas—una por cada deseo, en lo posible sin atorarse—y guardar el papelito en la billetera durante todo el año. Sigue leyendo “¡Lo que no sirva, que no estorbe!”