Inocente Adicción

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La semana pasada le hice seguimiento a dos historias que me conmocionaron. La primera, fue la foto que circuló viralmente en internet de una pareja en East Liverpool, Ohio, la cual fue encontrada inconsciente dentro de un vehículo con un niño de cuatro años en el asiento de atrás. El conductor y la pasajera–madre del pequeño–se habían sobre dosificado con heroína y necesitaron una inyección de Narcan para reversar el efecto letal de la droga.

La segunda historia fue una crónica publicada el pasado viernes sobre Huntington, una ciudad en West Virginia, la cual fue el epicentro de 28 casos de sobredosis en cinco horas. Esta es la misma población en la que 1 de cada 10 bebés nace adicto–a la heroína o medicinas de prescripción–y batallan por su vida contra el Síndrome de Abstinencia Neonatal (NAS por sus siglas en inglés) tan pronto salen del vientre.

Lo que más me llamó la atención de estas crueles historias fueron sus narradores: los prestadores de primeros auxilios y enfermeras quienes tienen que lidiar con esta dolorosa realidad las 24 horas del día, siete días a la semana, como si fueran empleados de una fábrica ensambladora de destrucción humana.

Estos profesionales son los héroes anónimos que trabajan todos los días arduamente por salvar las vidas de personas que no quieren ser rescatadas. Ellos conocen bien a las víctimas de las drogas y sus daños colaterales, en especial los pequeños inocentes que jamás eligieron sus padres ni mucho menos venir al mundo.

A pesar de los comentarios negativos en contra del Departamento de Policía de East Liverpool por haber publicado las controversiales fotografías, yo los aplaudo. Aunque las imágenes son crudas y estremecedoras, me obligaron a reconocer esta tragedia que está destruyendo muchas comunidades en Estados Unidos y a estar alerta para proteger a mi hijo.

Hasta perdí el sueño pensando en los recién nacidos que luchan con una adicción obligada y me imaginé envenenando–con o sin intención–la comida de mi propio hijo. ¿Acaso no es eso lo que éstas madres están haciendo?

Sin importar el estado alarmante de la situación, las industrias de la comunicación continúan ignorando esta calamidad y manipulan el ciclo de noticias para concentrarse en historias que generan más votos para las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos, tales como los recientes atentados de Nueva York o el virus de Zika en la Florida.

Asimismo, luego de décadas inmersos en la guerra contra el tráfico de estupefacientes, los Estados Unidos continúan culpando a los países productores en lugar de controlar la demanda en las calles de Norte América.

Colombia, por ejemplo, ha luchado contra este flagelo pagando un costo muy alto a todo nivel. Actualmente, está a punto de votar un plebiscito para legitimizar el “Acuerdo de Paz” con las FARC, el cual le entregaría el país a este grupo terrorista en una bandeja de plata, con tal de que paren la financiación de sus actividades delictivas por medio del tráfico de drogas.

Mientras tanto, Hillary Clinton despilfarra casi cien millones de dólares en comerciales de televisión para desacreditar a su oponente Donald Trump–el cual también solo habla del asunto en uno que otro discurso–y no se les cruza por la mente destinar unos centavos para una propaganda sobre la epidemia de la drogadicción.

Yo me pregunto, ¿no sería buena idea gastar unos milloncitos para ganar más votos? Por supuesto que no. Los estados que se están pudriendo en la drogadicción ya los tienen asegurados en las encuestas. Los políticos elegidos y en campaña no quieren enfrentar este elefante; es tan grande que les robaría el espacio para los demás “micos” que necesitan pasar en sus agendas de gobierno.

La negligencia y los intereses de los lobistas de ambos partidos, Demócrata y Republicano, destruyeron la manufactura en West Virginia—actualmente el estado con la tasa de mortalidad más alta por causa de sobredosis de drogas—lo cual ha perpetuado la dependencia de los subsidios del gobierno y ha aniquilado los sueños de tantas familias que quieren escapar de la pobreza.

Muy pronto un nuevo presidente o presidenta se posesionará y me temo que nada va a mejorar. Los pequeñitos en la unidad de cuidados intensivos neonatal seguirán pasando las primeras horas de sus vidas llorando, inconsolablemente, pues nacieron haciéndole trampa a la muerte. Son unos angelitos que en lugar de recibir dosis de amor, recibirán dosis de otras drogas para superar su inocente adicción.

Gracias por leer y compartir.

Xiomara Spadafora

Esta columna fue patrocinada por BrightComp. La Solución Inteligente de Worker’s Compensation. Llame Hoy! (888)208-8119

 

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