Zapatero a sus zapatos

oscars2013

El domingo pasado las pantallas del mundo transmitieron un show con el mejor efecto especial del año; la inesperada equivocación a la hora de entregar el Oscar a la Mejor Película en el Teatro Dolby de Hollywood. En lugar de nombrar como ganadora a la controversial Moonlight, los presentadores Faye Dunaway y Warren Beatty, anunciaron la favorita, La La Land.

Aunque me perdí la “metida de pata” en vivo y en directo–preferí ver la nueva temporada de Homeland–ví los videos la mañana del lunes. Inmediatamete pensé en Steve Harvey. Donde quiera que él haya estado, debió saltar de la felicidad por haberse quitado por fin la corona del peor presentador de premios televisados.

Si bien es cierto que el error que cometió Harvey durante Miss Universo el año pasado fue inolvidable–ese sí lo ví en vivo–la audiencia fue relativamente pequeña. Según cifras de Nielsen, Miss Universo 2015 tuvo 5.8 millones de espectadores mientras que los Premios Oscar 2017 tuvieron 34.4 millones.

Desde el domingo los medios de comunicación de Estados Unidos continúan buscando una explicación para el “sacrilegio” ocurrido en el templo mundial de las artes cinematográficas.

Sin importar que la firma de auditores, Price Waterhouse Cooper, publicó un comunicado admitiendo el error humano al confundir los sobres de los premios de Mejor Película y Mejor Actriz, aún existen incrédulos quienes consideran que los hilos políticos fueron manipulados detrás de bambalinas, para otorgar el premio al primer director de cine afro-americano luego de las protestas del año pasado.

Yo por mi lado tengo otra explicación. Hollywood no puede aceptar un error humano porque simplemente en Hollywood nada es humano. Los actores y productores de la biosfera cinematográfica viven en un mundo de adulación, silicona y derroche completamente alejado de la realidad.

Sin embargo, hay muchos que ahora desprecian–de dientes para fuera–sus privilegios. Desde que los picó el bicho de la justicia social, se han tomado el papel de “clase media” muy a pecho y salen a marchar por lo que sea que esta de moda.

Por ejemplo, varias estrellas son voceras del medio ambiente y manejan carros eléctricos para no contaminar. Pero, si los invitan a una fiesta inesperada, pagan jets privados para transportar a sus estilistas sin importar las enormes emisiones de dióxido de carbono.

Otras actrices/cantantes luchan por la igualdad de género. Pero si les pagan en efectivo, aceptan dar conciertos privados–en bikini–para mandatarios de países en los que una mujer es lapidada si muestra un centímetro de su piel o cabellera.

Hasta hace unos años, la grandeza de Hollywood radicaba en la superficialidad de los Premios Oscar y sus celebridades. Éstas mantenían sus opiniones privadas y eran verdaderos profesionales del entretenimiento.

El resto de los mortales soñabamos con el glamour y la belleza inalcanzable de las estrellas dentro y fuera de cámara. Ahora, hasta la ropa que usan, según ellos, tiene un significado social. Por eso dejé de ver los Premios Oscar hace muchos años.

Es más, el cine que ahora veo se limita a los dibujos animados de mi hijo. Cambié a Robert De Niro por los muñequitos de la Película Lego.

En fin, como dice el dicho, “Zapatero a sus zapatos”. Ojalá el año próximo, los productores de Hollywood le agranden el tamaño de la letra a los sobres y las tarjetas de los premios, ¡o por lo menos pongan una lupa en el podio!

Gracias por leer y compartir.

Xiomara Spadafora

Esta columna fue patrocinada por Zellner Insurance Agency. Muchas cosas en la vida no tienen seguro. Para todo lo demás, llame a Zellner (888) 208-8119

Un comentario en “Zapatero a sus zapatos

  1. Anónimo

    La metida de pata en la entrega de los Oscar es inolvidable. Ojalá los presentadores se enfoquen en su trabajo al igual que los periodistas, de lo contrario seguirán cometiendo errores y echándole la culpa a los demás. Muy buena columna. Gracias por compartirla!

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