Los Perros no son Juguetes

El 4 de noviembre, leí una historia en Twitter sobre una cachorrita que fue rescatada después de haber sido arrojada de un carro en movimiento en una autopista.

Ojalá pudiera conocer al engendro que hizo eso, para arrojarlo en el cráter de un volcán en erupción.

Aunque esta historia es inusual, los sitios de rescate de mascotas en todo Estados Unidos están llenos de perros que han sido abandonados por sus dueños cuando se mudan de casa. No puedo evitar preguntarme, ¿de qué están hechas estas personas?

Piensen en esta escena: usted está empacando cajas y su perro lo mira con sospechas de que algo está pasando. La casa queda vacía luego de que la compañía de mudanzas recoge todos los muebles. Su perro camina detrás y lo sigue a menos de un  centímetro de distancia. Luego, le pone el collar para salir a caminar, y como él confía a ciegas en usted, bate la cola de la emoción. Sin embargo, el paseo dura solo un minuto pues es hacia el patio donde lo amarra en la cerca o alrededor de un árbol. Luego, su amigo fiel lo ve entrar en la casa y cerrar la puerta sin mirar hacia atrás.

Esta es la historia de crueldad animal que se repite a menudo cuando las personas se dan cuenta de que no estaban listas para criar un perro. La gente se enamora de las fotos de cachorritos en las redes sociales y piensan que son muñecos de peluche, que viven en el País de Nunca Jamás y que como Peter Pan, se van a quedar en tamaño infantil toda la vida.

Cuando la carita de “Instagram” desaparece, los cachorritos se transforman en perros y muestran su personalidad y necesidades. La paternidad canina requiere una relación de compromiso y respeto con nuestros perros, como cualquier otra relación con humanos.

Las víctimas más comunes de abandono son las razas grandes como los Labradores y Golden Retrievers. Por naturaleza, estos animales están genéticamente predispuestos para jugar, correr y trabajar como maniáticos hasta caer muertos. Necesitan grandes dosis de ejercicio y motivación como un niño de cuatro años o un adicto al trabajo.

Las tiendas de mascotas deberían tener un aviso de neón que dijera “Los perros no son juguetes” durante las horas de atención al público y realizar un examen psicológico a los compradores antes de venderles un perrito. Pero por obvias razones, esta industria y los ciento de “criadores” que venden cachorros dizque con papeles–higiénicos si acaso–por el valor de una cuota inicial de un carro, se verían perjudicados.

Ahora bien, además del mercadeo exitoso, la causa principal de la paternidad canina fallida es la falta de sentido común. No he podido entender por qué algunas personas creen que un perro es el regalo ideal de Navidad para un niño de tres años, ¡quien no es capaz ni de limpiarse su propio rabito.

Sin ir muy lejos, yo misma soy la evidencia de un caso de crueldad animal, no con perros, sino con un pollo. Cuando tenía cuatro años me dieron un pollito teñido de azul en una piñata–prueba de nuestro subdesarrollo colombiano. Cuando llegamos a la casa, lo eche al inodoro y bajé la cisterna. Honestamente, no se si el pollo sobrevivió o no, pero lo que sí es cierto, es que los instintos asesinos de los niños pequeños son innatos e involuntarios.

La Navidad llegó y también el deseo de darle el regalo perfecto a nuestros seres queridos. Sin embargo, piénselo bien antes de comprar un perrito e investigue las características de la raza para evitar desilusiones. También analice su estilo de vida. Si todavía está soltero o soltera–lo que significa que sale a rumbear o de viaje de jueves a domingo–probablemente el perrito se morirá de sed o inanición.

Por último, piense en adoptar un “chandosito” antes de comprar un cachorro costoso. Los sitios de rescate están llenos de perritos con el corazón roto que buscan el hogar de su vida. Cuando miro a mis chandos, Rusty y Sasha, no puedo evitar ver a mi esposo y a mí reencarnados en ellos.

Rusty es bajito, acuerpado y camina sacando el pecho como mi marido. Sasha, es pati-larga y algarachenta, y se come lo que encuentre a cualquier hora del día como yo. Por eso, para amar a un perro, hay que tener alma de perro.

Gracias por leer y compartir. ¡Feliz Navidad!

Xiomara Spadafora

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