La Súper Totuma

MyFirstSuperBowl-XiomaraSpadafora
Definitivamente el hambre de mi esposo se vió reflejado en la cantidad de costillas que compró para tres personas.

Por primera vez el domingo pasado ví el Super Bowl (o Super Tazón en español) de principio a fin incluyendo los shows del intermedio y la premiación. Tengo que admitir, que aunque no me gusta el fútbol Americano, hasta le hice barra a los Broncos, no porque sea un buen equipo–de eso no tengo la menor idea–sino porque me encanta el logo de los caballos y los colores del uniforme.

Como pocos hogares en este país, mi casa no sufre de una “hinchada delirante”. Mi esposo ve uno que otro partido durante la temporada y juega una liga de apuestas con sus amigos, pero no es el típico gringo que venera a su equipo religiosamente como si fuera el Divino Niño del 20 de Julio.

Por ejemplo, mi marido jamás dejaría de jugar una ronda de golf por quedarse en la casa viendo un partido con la cara pintada como un mamarracho. Al frente de nuestra casa no está izada la bandera de  ningún equipo, ni tenemos guerra casada con los vecinos por ser hinchas de equipos contrarios. Sin embargo, aunque no lo planeamos, celebramos el Super Tazón número 50 al estilo 100% Americano.

La semana pasada estábamos viendo un programa de cocina con mi esposo, que mostraba como hacer las costillas BBQ. Inmediatamente empecé a saborearme y a babear como un perro y me volteé a preguntarle si quería hacerlas el fin de semana. “¡Uy si que rico, para eso es que tomo la droga del colesterol!”, me respondió entusiasmado.

Así pues, el sábado se fue a la carnicería a comprar las costillas. El único problema es que, compró carne como si fuera para el asado de un narcotraficante. ¡Solamente éramos tres personas–él, nuestro hijo y yo–y compró como para diez!

Seguirá siendo un misterio para mí, el por qué cuando compra comida, mi marido piensa que tenemos una familia de refugiados de Somalia viviendo con nosotros. Siempre regresa con dos unidades de todo. Yo creo que piensa que es el patriarca Noé.

En fin, el domingo cocinó las tres costillas–que parecían unas marimbas–a la perfección. Hasta mis perros, Rusty y Sasha, se unieron al banquete. Por primera vez en mucho tiempo, les dimos a cada uno dos huesos de costilla aunque sabíamos que lo íbamos a pagar más tarde. Mis perritos nunca comen comida de humanos, porque cuando lo hacen, ¡nos toca usar máscaras anti-gases!

Después de quedar ahítos y hacer la siesta, llegó la hora del partido. El show lo abrió Lady Gaga, quien a pesar de su imagen y reputación excéntricas, cantó el himno nacional y nos hizo llorar a más de uno.

Lo siguiente, fueron tres horas de “salvajismo” como le llamo yo al fútbol americano y un show de medio tiempo cargado de controversia. Al final, llegó la celebración de la victoria por parte de los Broncos de Denver–lo cual incluyó la tradicional lavada del director técnico con una cantina de gatorade llena de hielos por la cabeza–y las declaraciones de los principales jugadores.

Pero lo que más me llamó la atención, fue el discurso de la esposa del dueño del equipo. Esa señora parecía la muñeca de un ventrilocuo, pues el exceso de joyas le tenía paralizado el cuello, y las cirugías plásticas le impedían mover los músculos facials.

Durante todo el partido, supe que estaba en desventaja pues mis dos hombres se aliaban en mi contra cuando no entendía alguna jugada. Es más, cuando le estaba poniendo la pijama a mi renacuajo, se me abalanzó y me tumbó en la cama y luego su papá me agarró a cosquillas hasta que me quedé sin respiración.

Cuando le pregunté a mi hijo si quería cambiar de equipo y ayudarme a atacar a su papá, simplemente me contestó: “Mami, soy un hombre“. Esa respuesta me atravesó el corazón, pero me llenó de alegría pues ese par se ama con locura.

El domingo pasado, por fin entedí lo que significa el Súper Tazón para los gringos. Literalmente, el tazón “contiene” el orgullo que los une–nos une–cuando el himno nacional es cantado con la mano en el corazón, acompañado por el estruendo de los jets de la Fuerza Aérea cruzando el firmamento en formación.

En un solo día, el espítitu americano se refleja en los comerciales que generan conversación alrededor del mundo y en los 1.3 billones de libras de alitas de pollo que son consumidas en millones de hogares. De ahora en adelante, me guste o no este deporte de gladiadores, siempre celebraremos el Super Bowl. Pero, para que me llegue más al corazón, lo voy a llamar La Súper Totuma.

Gracias por leer y compartir.

Xiomara Spadafora

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