Profesoras con Alas

Xiomara  Spadafora Teacher are Angels-001

El martes pasado mi hijo regresó a su primer jardín preescolar para unas vacaciones recreativas de súper héroes. Aunque mi hijo no fue a este colegio el año pasado, me mantuve cercana a una de las directoras, especialmente después de una noticia desgarradora: la primera profesora de mi hijo, la Señorita Carmen, había sido diagnosticada con cáncer de páncreas al comienzo de la primavera.

Hace seis años, el mayor de mis tíos perdió una corta pero valerosa batalla contra el mismo enemigo. Por esta razón supe que la Señorita Carmen tenía los meses contados. El cáncer de páncreas es uno de los peores de su especie pues no tiene detección temprana. Cuando este monstruo asoma su horrible cara en las imágenes médicas, ya es demasiado tarde.Registré a mi hijo a la entrada del colegio y la directora se me acercó a darme la noticia que temía. La Señorita Carmen estaba en el hospital en camino a encontrar su creador. La directora me dio el número de la habitación y el nombre de su esposo por si quería ir a despedirme. Me subí al carro y me fui para el hospital inmediatamente.

En un mar de llanto recordé el día que conocí a la Señorita Carmen y cómo su dulzura había aliviado la angustia que sentí al dejar a mi bebé de dos años en su cuidado, el primer día de colegio. En esa época mi hijo hablaba como Jorge El Curioso–con sonidos de monito y un par de sílabas–así que no podía preguntarle si la había pasado bien. Sin embargo, todos los días estaba feliz de ir al colegio y sabía que su maestra lo hacía sentir amado.

Cuando llegué al hospital y entré al área de cuidados terminales, el corazón se me agitó. Recordé los últimos días de vida mi suegra, seis años atrás. Ella también cayó víctima de un cáncer agresivo que la arrancó de nuestras vidas en tan solo diez días.

Rodeada de su esposo y la menor de sus hijas, un par de amigas y el reverendo de su iglesia, la Señorita Carmen descansaba en un sueño profundo. Me invitaron a sentarme a su lado y aunque se veía muy frágil, su rostro estaba en paz. Su fe inquebrantable en Jesús, estaba siempre en su salón de clase y en sus enseñanzas.

Con lágrimas rodando por mis mejillas me despedí de ella con un beso en la frente, y le dije a sus familiares cuanto le agradecía a la vida por haber tenido el privilegio de conocerla. La Señorita Carmen fue un regalo de Dios y un Ángel de la Guarda para sus pequeñitos.

Al salir del hospital pensé mucho en la mayor de mis tías, quien también dedicó su vida a más de mil estudiantes en sus treinta años de enseñanza preescolar. Recuerdo cómo vivía buscando cosas nuevas para jugar y compartir con sus pequeños y las anécdotas de las ocurrencias inocentes de los niños.

Ante sus ojos, todos los niños eran especiales y sin importar sus limitaciones, siempre les hizo sentir que podían alcanzar sus logros. Vio de cerca las cicatrices en el cuerpo y en el alma de tantos pequeños abusados y convirtió su salón de clases en un albergue de seguridad y amor para aquellos que lo carecían.

Profesoras excepcionales como mi tía y la Señorita Carmen, me enseñaron que la enseñanza no es una profesión sino una noble vocación. Los maestros acatan el llamado de servir a su comunidad para ayudar a forjar las futuras generaciones y apoyar el trabajo que hacemos los padres en nuestras casas. Ellos son guardianes de la inocencia–tan escasa hoy en día–y un modelo a seguir para sus estudiantes.

Antes de ayer, mientras escribía esta columna, recibí un email del jardín preescolar en el que notificaban a los padres el anticipado desenlace. La Señorita Carmen murió el sábado. Recé por su familia especialmente por su hija mayor, quien también fue profesora de mi hijo en la clase de los tres años y quien está esperando su primer bebé. Con la muerte de mi tío y mi suegra en el mismo año que estaba embarazada, supe lo que se sentía tener dos corazones rotos.

El trabajo de la Señorita Carmen era cuidar ángeles. Ahora en el cielo ella se convirtió en uno. Descanse en paz.

Gracias por leer y compartir.

Xiomara Spadafora

Esta columna fue patrocinada por Zellner Insurance Agency. Muchas cosas en la vida no tienen seguro. Para todo lo demás, llama a Zellner (888)208-8119

4 comentarios en “Profesoras con Alas

  1. Anónimo

    Muy triste pero emotiva columna. Personas especiales que dejan huella en nosotros y nuestros hijos permanecerán por siempre. Gracias por llegarle a tus lectores de la manera que tú lo haces. Feliz día Xiomara!

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  2. Luz

    👏👏👏👏👏
    Nena me tocaste el alma y me sacaste lágrimas. Hiciste un homenaje a las docentes verdaderas q entregan cuerpo y mente a los más pequeñitos… Siento mucho ese desenlace. Sabemos el dolor q causa.
    Gracias por escribir tan bonito. …

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  3. Miritza

    Ser maestro es Una bendicion bien grande por q aportas enseñansas valores Respeto amor y aprendes Muchas cosas con ellos ydejas Una gran guella en Sus memoria bendiciones a todos Los maestros del mundo🙏

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