Del afán no queda sino el cansancio 

4.1.1

Mis pasadas vacaciones en Colombia me dejaron, además de varios kilos de más, una nueva filosofía de vida. Los días que pasé en Casanare y el Altiplano Cundi-Boyacense me hicieron reflexionar sobre la manera cómo existo en el tiempo.

La realidad es que la Tierra rota a la misma velocidad, en cualquier longitud o latitud del planeta, y nada en el universo lo puede cambiar. Mientras mi tío–cultivador de arroz–vive su vida literal y metaforicamente a la velocidad de la luz, es decir sin afán, yo paso mis días como ratón de laboratorio, corriendo en una rueda de metal sin llegar a la meta.

Teniendo en cuenta mis limitaciones geográficas, luego de mi llegada de Colombia decidí adoptar unos pequeños cambios para beneficiar mi salud mental. Como dicen por ahí, para querer a otros hay que quererse uno mismo.

El primer cambio fue en las mañanas de lunes a viernes. Antes de las vacaciones, brincaba de la cama a la ducha como un saltamontes cuando sonaba el despertador. Me emperifollaba para la oficina, luego me atoraba con un pan y un café frío empacando la lonchera de mi hijo, mientras él, mi marido y mis dos perros desayunaban como reyes.

Ahora, cuando el despertador suena, duermo 8 minutos más. Me levanto con tranquilidad a desayunar con mi esposo y comentar las noticias del día. Luego le empaco la lonchera a mi hijo, lo despierto con cosquillas en lugar de gritos, y mientras él y mis perros se desayunan, yo me arreglo.

No sé cómo explicarlo, pero el genio me cambió. Aunque el marco de tiempo es el mismo de antes–6:10 a.m. a 7:50 a.m.–hoy logro completar la rutina de la mañana eficientemente sin necesidad de afanar a mi hijo como el sargento de una brigada de infantería.

El segundo cambio fue empezar a conectarme con la naturaleza para controlar el estrés. Ya que no puedo estar en el campo, lo más cercano es jugar golf. Desde hace años he visto a mi esposo dedicar horas a la práctica de este deporte–hasta llegué a pensar que se estaba escondiendo de mí–y siempre me ha dicho que jugar golf lo relaja.

Pues decidí creerle y empecé a tomar clases el viernes pasado. En lugar de un caballo me monté en un carrito de golf y la verdad es que, sentir los rayos del sol y escuchar el sonido de la brisa moviendo las ramas de los árboles en estas tardes de primavera, me han acercado a un lugar mental que estaba buscando.

El estrés debilita el sistema inmune y por ende es la causa, o agravante, de condiciones como la gripe común, aumento de peso, falta de sueño, problemas cardíacos, depresión, úlceras y dolores lumbares, entre muchos otros. Algunos estudios hasta le atribuyen la responsabilidad de varios tipos de cáncer.

Por eso me pregunté, ¿tengo que esperar a recibir un diagnóstico catastrófico para hacer pequeños cambios que beneficien mi vida? La respuesta fue no. Priorizar mis necesidades antes que mis deberes como madre, esposa o empresaria no es un pecado. Por el contrario, es un derecho y los beneficiados son mis seres más amados.

Del afán no queda sino el cansancio” es un refrán muy sabio y pienso seguir aplicándolo en mi vida en la medida que no me convierta en un honorable representante del congreso.

Gracias por leer y compartir.

Xiomara Spadafora.

Esta columna fue patrocinada por Zellner Insurance Agency. Muchas cosas en la vida no tienen seguro. Para todo lo demás, llame a Zellner (888) 208-8119

 

4 comentarios en “Del afán no queda sino el cansancio 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s