Cruzada de Género

La libertad de expresión es algo que valoro muchísimo. Probablemente esta es la razón por la cual empecé a escribir cuentos a los seis años y estudié periodismo en la universidad. Soy una persona que necesita decir lo que piensa y siente. De lo contrario, me salen letreros de la espalda como si fuera el Coyote en la caricatura del Correcaminos.

Nací y crecí en un país demoratico. Cuando era niña pude ir al colegio y aprender a leer y a escribir. En mis años de adolescente, pude aprender a manejar, ir a bailes y hacerme peinados chistosos como el copete Alf. En mi vida adulta, pude mantenerme sola y tomar todas las decisiones de mi vida basadas en mis expectativas y no las de alguien más. Sigue leyendo “Cruzada de Género”

Una enfermedad llamada Burocracia

El próximo 24 de noviembre se cumple el último plazo para renovar el pasaporte Colombiano por el actualizado de lectura mecánica. Aunque me enteré durante mis vacaciones del pasado julio, la pereza de hacer el trámite en Bogotá me invadió y preferí hacer la vuelta en el Consulado de Colombia en Orlando, Florida. Qué gran equivocación.

Desde los primeros días de noviembre ingresé a la página en internet del Consulado de Orlando para averiguar los requisitos y hacer la cita. Sin embargo, esta página parece haber sido creada para que la navegaran solamente los ingenieros de sistemas que la diseñaron. Es más fácil encontrar una silla vacía en un Transmilenio que la información que uno necesita. Sigue leyendo “Una enfermedad llamada Burocracia”

Octubre: Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama

El pasado 8 de septiembre tuve el placer de experimentar la “sanduchera” por primera vez en mi vida. Dos semanas antes—el primer día de colegio de mi hijo para ser exacta—sentí una bolita tan grande como una almendra en la parte superior de mi seno derecho mientras me secaba al salir de la ducha. Al instante sentí un retorcijón en el estómago que me dejó sin aliento.

Mi hijo estaba montando patineta—su medio de transporte favorito dentro de la casa últimamente—riéndose a carcajadas mientras yo luchaba por trágame las olas de lágrimas que me inundaban los ojos. Me maquillé con mi pulso de maraquera—de milagro no quedé como una máscara de Halloween–y salí corriendo a llevar a mi hijo al jardín. Sigue leyendo “Octubre: Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama”

¿Qué diablos es un “tatsi”?

Alguna vez se han cruzado con alguien que tiene dificultad con la pronunciación de las palabras que contienen la letras “X” o “C”? Para mi desgracia, a mí me ocurre con mucha frecuencia.

Durante mis pasadas vacaciones en Colombia, tuve varias conversaciones con personas que hablaban de los “tatsis” y la problemática generada por la competencia con los conductores prestadores del servicio Uber. Cada vez que oía esta masacre de nuestra gloriosa lengua española, me surgía la pregunta ¿Qué diablos es un “tatsi”? Me provocaba darles clase y decirles “Deletreen conmigo T-A-X-I; ¡Taxi!“. Sigue leyendo “¿Qué diablos es un “tatsi”?”

¿Quién dijo que era tarde?

Querido lector, llena de orgullo y satisfacción le presento el lanzamiento de mi página de internet www.xiomaraspadafora.com

Diseñada y programada por Opium Atelier, esta página se constituye en la realización de una de las metas que tracé para mi vida hace cinco años. Si usted es de las personas que tiende a aplazar los proyectos como yo, entenderá su importancia y cuánta determinación tuve que inyectar para no renunciar.

Pero usted se preguntará ¿por qué ahora? Bueno, 2015 marcó el aniversario número diez de un evento transcendental: el comienzo de mi vida en los Estados Unidos. El día que aterricé en territorio norteamericano, mi vida cambió para siempre, pues no solo cambié de país sino de profesión. Empecé a vender seguros en lugar de historias, y dejé empacada en una maleta mi pasión por la escritura y el periodismo. Era muy claro que mi acento latino no calificaba para las noticias de las siete de la noche en Orlando. Sigue leyendo “¿Quién dijo que era tarde?”

Nunca le dé la Espalda

El día de volver a casa llegó el lunes pasado, y nuevamente lloré como una niña perdida en el avión–después de haber chillado en la casa de mi mamá y en la sala de espera—cuando vi una bandera de Colombia agitándose en el aire a través de la ventana durante el despegue. Uno pensaría que después de 10 años de vivir por fuera decir adiós es más fácil; por el contrario. Se hace más difícil, pues a medida que pasan los años, mi corazón crece al igual que el amor que siento por mi mamá y mi familia.

Otro amor que crece en la distancia, es el amor por las pequeñas cosas que hacen la vida más fácil en Colombia, como los salones de belleza y las empleadas del servicio. Aunque no me veo viviendo en mi país en un tiempo cercano, si sé que allí me voy a jubilar. Yo ya le dije a mi esposo “¡Ni creas que yo me voy a tinturar las canas sola o a limpiar la casa después de mis 50!”. Sigue leyendo “Nunca le dé la Espalda”

Prometo No Cambiar

El viernes pasado mi esposo aterrizó en Bogotá, y con su llegada empezó la última semana de nuestras vacaciones en Colombia. Cuando lo recogí le pregunté cómo le había ido en la escala en Ciudad de Panamá. “Espectacular. No tuve un solo problema”, me contestó feliz pues su vuelo llegó 30 minutos antes de lo esperado.

¿Quieren saber cuál fue mi experiencia? Un calor infernal en el aeropuerto Tocumen, que al parecer no pagó el recibo de la energía pues el aire acondicionado estaba dañado. Una hora de retraso en nuestro vuelo de conexión, y para rematar, tuvimos que esperar media hora dentro del avión para despegar—todo esto amenizado con el berrinche de mi niño de cuatro años que estaba con hambre y con sueño. ¡Como siempre a mí me fue como los perros en misa y a él como el Rey de España! Pero bueno, lo importante es que llegó sano y salvo. Sigue leyendo “Prometo No Cambiar”

Más Que Mejores Amigas

Ser hija única me enseñó desde muy temprana edad a ser independiente emocionalmente y a enfrentar los desafíos de la vida sin “segundas opiniones”.

Aunque los hermanos de mi mamá son como si fueran los míos –pues los menores todavía estaban estudiando y vivían con mi abuelita, mi mamá y yo en la casa en que crecí—la mayoría del tiempo andaba sola como un cactus.

Sin embargo, aprendí a apreciar la soledad; jugaba a las muñecas, leía libros, y hablaba con mis amigos imaginarios todo el tiempo –tranquilos, no soy esquizofrénica, aunque mi marido diga lo contrario. Sigue leyendo “Más Que Mejores Amigas”

“Todo lo que puede suceder sucede” Parte II

El día después de mi cumpleaños, me levanté con un año más a cuestas. Todavía recuerdo lo lento que pasaban los años cuando era una adolescente. Ahora los años pasan a la velocidad de la luz y son imposibles de detener como un tren de carga. Sin embargo, esa mañana me miré al espejo mientras me ponía mi bikini nuevo y me dije: “No estoy nada mal; esto todavía se puede arreglar con lipo”.

Mientras me embadurnaba la cara de bloqueador solar y base de maquillaje –para que sepan es la mejor manera de prevenir daño solar—mi hijo alistaba sus juguetes de playa, mi hijastra bostezaba en el sofá, y mi marido se emperifollaba para ir a jugar golf con sus hermanos. Nuestras vacaciones habían comenzado oficialmente, y yo no hallaba la hora de estirarme en una silla de playa y absorber toda la vitamina D de los rayos solares. Sigue leyendo ““Todo lo que puede suceder sucede” Parte II”

“Todo lo que puede suceder, sucede” Parte I

La familia de mi esposo está repartida por todo Estados Unidos. El hermano mayor vive en Texas, la hermana en Missouri, el hermano del medio en Ohio, y nosotros en la Florida. Desde la muerte de mi suegra hace cinco años, nunca se había reunido la familia completa. Por esta razón, se propusieron lograrlo este verano.

El plan consistía en compartir cinco noches y seis días –empezando el domingo—en el famoso balneario de la Florida llamado Destin, que queda en el Golfo de México. Mi esposo tiene un amigo que vive cerca a esa ciudad así que decidimos que el “combo”–mi esposo, su hija de dieciséis años, nuestro hijo de cuatro años y este pechito– viajara el sábado en lugar del domingo para visitarlo y pasar la noche en su casa. Sigue leyendo ““Todo lo que puede suceder, sucede” Parte I”