Relación con el paciente: Mamá

Nunca olvidaré la primera vez que escribí la palabra ‘mamá’ para refererirme a mi. Dos días antes de la inducción de mi parto -5 de abril de 2011- tuve que ir al hospital Baptist South Medical Center a firmar varios documentos para la admisión.

La enfermera resaltó con un marcador las líneas que debía completar entre las cuales estaba la que decía “parentezco con el paciente”, refiriéndose a mi bebé. En ese momento me cayó un rayo y dije en voz alta “¡Dios mio! es la primera vez que lo escribo. Soy una mamá!“, la enfermera sonrió.

Mirando hacia atrás, las 29 horas de labor de parto -las cuales pensé habían sido una pesadilla- no se comparan con la paciencia y el estado físico que se requieren a diario para criar a un hijo. Los gringos tienen un dicho que me gusta mucho: “Se requiere una aldea para criar a un niño“; yo le agregaría “¡Y se requiere aguardiente para sobrevivir la misión!“. No piensen que me estoy quejando, de ninguna manera.

Mi hijo es la luz de mi vida y no podría tomar un solo respiro si él ya no estuviera en ella; pero tratar de ser la mejor mamá es el desafío más grande que jamás he enfrentado.

Aún me sorprende que este pequeño ser humano es capaz de exprimir hasta la última gota de mi fuerza sin arrojar un puño. Les doy un ejemplo. El domingo pasado, luego de hacer los quehaceres normales de cualquier mañana, mi hijo y yo nos fuimos para San Augustín -la ciudad más antigua establecida en Estados Unidos- la cual queda a 25 minutos de nuestra casa. La primera parada fue en el Parque Davenport que tiene un famoso carrusel contruído en 1927. Mi pequeño corrió como el Demonio de Tasmania hasta que empezó el “baile del pipi”.

Luego de ir al baño, nos montamos al carro y anduvimos por el centro histórico cuando mi hijo se antojó de ir al Castillo de San Marcos. ¿Cómo le decía que no? Estacioné el carro y luego de una caminata de 30 minutos, llegamos a la edificación de albañilería más antigua de Estados Unidos construída por los Españoles entre los años 1672 y 1695. ¿Qué tenía este lugar de atractivo para un niño de cuatro años? No tenía la menor idea pero le seguí la corriente.

Una vez adentro del fuerte subimos a los bastiones para ver las garitas y los cañones. Allí entendí la fascinación de mi hijo con el lugar. Un grupo de actores disfrazados de soldados Ingleses y Españoles izaron las banderas y dispararon uno de los cañones al mar conmemorando la historia del Siglo XVIII con el estruendo y el olor a pólvora. Caminamos de regreso al carro y de milagro no rodamos como dados en el pavimiento pues mi hijo tambaleaba del cansancio y me pisaba las sandalias.

La aventura colonial le costó a mi pequeño una siesta de dos horas y media. Pasadas las cinco de la tarde se despertó fresco como una lechuga y listo para otra maratón. Gracias a Dios mi vecina y sus tres hijos estaban jugando en la calle a lo que mi ‘mosquetero’ se pegó en un brinco. Tres horas después -incluyendo fútbol, cacería de insectos y lagartijas, y guerra de barro y agua, lo arrastré a la casa en un mar de lágrimas porque quería seguir jugando. Después de un baño, comida, cepillada de dientes, y lectura de tres libros pude descargarle las baterías a mi conejito Energizer, quien cayó finalmente en un sueño profundo.

Al final del día mis músculos, huesos y articulaciones me gritaban del cansancio. Mientras mi esposo estaba en el estado de Tennessee trabajando -¡de buenas el hijuemadre!- me pregunté ¿cómo diablos hacen las mamás solteras?. Sin ir muy lejos, ¿cómo hizo mi mami para criarme a mi sola?. La lección de esta semana no me la enseñaron mis dos hombres ni mis dos perros, sino todas las grandiosas mujeres que han cruzado mi camino y que me han enseñado el arte de ser mamá. Un aplauso para mi mami, mi abuelita, mis tías, mi suegra que en paz descanse, mis cuñadas y mis mejores amigas.

Ser mamá es el trabajo más abrumador del mundo, pero también es el más fácil pues es como respirar, no hay que pensar para amar. El amor de una madre es la artesanía que una mujer talla con las entrañas de su alma al ritmo del latido de su corazón.

Teniendo en cuenta todo lo anterior todavía tengo una pregunta: ¿Cuál debería ser el sueldo de una mamá? Ayer mientras escuchaba Fox News Sirius XM nombraron un sitio de internet llamado Salary.com el cual ha realizado encuestas por 14 años para responder esta pregunta.

Según los resultados de 2014 el promedio de compensación en los Estados Unidos para una ama de casa fue US$118.905 (40 horas por semana más 56.5 horas de horas extras dedicadas al cuidado de niños y tareas del hogar) y para una mamá trabajadora la cifra fue US$70,107 (59.4 horas por semana).

Ahora, basada en estas cifras mi esposo y mi hijo me deben más de US$153.000 porque estoy en la casa y trabajo medio tiempo en nuestra agencia de seguros Zellner. Mientras ellos me pagan, celebraré en soledad y silencio, con un día de spa en el Sawgrass Marriot de Ponte Vedra Beach.

¡Felíz Día de la Madres!

Gracias por leer. Si le gustó compártálo con las mamás que más quiere.

Xiomara Spadafora

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