La Garra de Sasha

A Rusty y Sasha, mis hijos perrunos, les fascina marcar su territorio cuantas veces sea posible cuando salen de la casa. Rusty levanta la pata mil veces y pretende mojar postes y árboles así no le salga ni una gotica. Aunque Sasha es hembra, también le fascina acurrucarse y dejar su esencia por doquier. Nunca me había percatado de ese rasgo de su personalidad, pues pensé que era cosa de la edad. ¡Carajo, yo voy al baño por lo menos 30 veces al día!

Sin embargo, este fin de semana, otra razón descifró el enigma de la incontinencia de Sasha. El sábado por la tarde mi esposo, mi hijo y yo, fuimos a un asado en la casa de unos amigos y regresamos como a las nueve de la noche. Luego del “ritual” para acostar a mi pequeño, me fui a mi cuarto y puse la película Legalmente Rubia, la cual he visto por lo menos mil veces. Cuando mi esposo se dio cuenta, volteó los ojos y me dijo: “¿Otra vez esa película? ” y se fue para la sala. Me le fui detrás y me di cuenta que estaba viendo Los Sopranos, la serie de televisión de HBO que ha visto por lo menos 999 veces. Le volteé los ojos y le dije: “¿Otra vez esa serie? ” y se quedó callado.

Cuando se acabó mi película, salí a la puerta bostezando y llamé a los perritos para que salieran a hacer pipí por última vez. No había terminado de abrir la puerta cuando Sasha se enloqueció, se agazapó y saltó como una leona entre los arbustos que están al lado de la puerta.

Estaba muy oscuro así que entré corriendo a prender la luz de afuera, pero lo único que podía ver eran los matorrales al frente de la ventana de la oficina, moviéndose violentamente como los pompones de las porristas.

Ahí me acordé de la escena de la película Jurassic Park en la que un velociraptor ataca al guardabosque en la selva y solo se ve el movimiento de los arbustos, mientras la novia del protagonista corre como alma que lleva al diablo para resguardarse en un cobertizo. Aterrador.

En medio de mis gritos mi marido salió corriendo medio dormido y con los ojos vidriosos preguntando “¿Qué pasó, qué pasó, qué pasó? “. Finalmente, el “monstruo abominable” que era un pobre armadillo, salió corriendo de los arbustos y se escondió debajo de la camioneta pickup de mi esposo. Seguramente el pobre animal se murió del susto, porque Sasha siguió mandándole zarpazos por debajo del carro, como si fuera la garra de una fiera.

Cual mamá de adolescente, agarré a Sasha del collar, la arrastré a la casa y le metí su regaño: “¿Estás loca? ¿Qué tal que ese armadillo te hubiera aruñado o mordido? ¡Esto no me lo vuelves a hacer nunca! “. Les di las buenas noches y antes de salir de la oficina –donde duermen mis perritos– Rusty me miró como diciéndome: “Tranquila Mami, Sasha es una garra, peor que un taxista”.

A la mañana siguiente, saqué a los perritos a hacer pipí con los collares puestos pues no quería que Sasha se enloqueciera otra vez. Aunque sé que los armadillos son animales nocturnos –pues tienen un sentido de la vista muy pobre y cazan de noche– igual me preocupaba que nos lo encontráramos otra vez. Poniendo el incidente del armadillo a un lado, la reacción de Sasha me sorprendió muchísimo. Esta perra es el animal más dulce y noble del mundo. Siempre lo mira a uno como el gato de Shrek con ojos llorosos implorando atención. Por esta razón, verla transformada en un episodio de la National Geographic me tenía desconcertada.

Cuando adoptamos a Sasha en el 2009, ella era una cachorrita de un año y medio, en los meros huesos, con las teticas en el piso –pues había tenido una camada hacía dos semanas– y para completar, tenía unos parásitos que le estaban atrofiando el corazón y que requería tratamiento. Vivía en las calles y tal vez habría muerto si no la hubieran rescatado. Sasha es una perra hermosa que nos ama con locura, su lealtad no tiene límites y se hace matar por defendernos.

La lección que Sasha me enseñó esta semana es que hay mantener los ojos bien abiertos. La maldad acecha por todas partes y siempre esta a la espera de la víctima distraída. No quiero parecer pesimista ni nada por el estilo, pero sería bueno leer las noticias y enterarse de lo que está pasando en nuestras ciudades y en el mundo. En lugar de estar pendiente de la farándula, averigüemos en qué va el Proceso de Paz de Colombia en La Habana o el escándalo de Pacific Rubiales.

Seguramente, Sasha había olido el armadillo desde varios días atrás y por eso marcaba su territorio con locura. Si mi perra fuera como muchos de nosotros, ella se habría tomado una foto “selfie” con el armadillo en lugar de perseguirlo a muerte hasta echarlo de nuestra propiedad.

Recordemos siempre esas frases de nuestra sabiduría chibchombiana: “Es mejor no dar papaya” porque “el vivo vive del bobo, y el bobo de papá y mamá“.

Gracias por leer y compartir.

Xiomara Spadafora

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