¿Quién dijo que era tarde?

Querido lector, llena de orgullo y satisfacción le presento el lanzamiento de mi página de internet www.xiomaraspadafora.com

Diseñada y programada por Opium Atelier, esta página se constituye en la realización de una de las metas que tracé para mi vida hace cinco años. Si usted es de las personas que tiende a aplazar los proyectos como yo, entenderá su importancia y cuánta determinación tuve que inyectar para no renunciar.

Pero usted se preguntará ¿por qué ahora? Bueno, 2015 marcó el aniversario número diez de un evento transcendental: el comienzo de mi vida en los Estados Unidos. El día que aterricé en territorio norteamericano, mi vida cambió para siempre, pues no solo cambié de país sino de profesión. Empecé a vender seguros en lugar de historias, y dejé empacada en una maleta mi pasión por la escritura y el periodismo. Era muy claro que mi acento latino no calificaba para las noticias de las siete de la noche en Orlando.

Pero el tiempo pasó, y el 28 de marzo de este año empecé a sentir cosquillas en las palmas de las manos; no era plata por llegar sino la necesidad de escribir de nuevo. Creé mi blog It’s Just Another Day y escribí mi primera historia “Persecución a escoba”, luego de que mi perrito Rusty se rebeló a entrar en su jaulita.

Semana a semana mi deseo de continuar escribiendo se fortaleció y luego de cumplir mis 35 años en junio llegué a una determinación: “La próxima década son mis años dorados. Si JLo lo logró después de los 40, ¿por qué yo no?” Obviamente tengo mis objetivos aterrizados; no espero que me crezca un derrière del tamaño de Brasil ni convertirme en jurado de American Idol.

Lo que sí quiero, es vivir los siguientes 10 años de mi vida al máximo y “afinar” mi escritura. Ganarme la fidelidad de más lectores es un camino empinado, pero estoy dispuesta a recorrerlo porque quiero hacer lo que me hace realmente feliz: contar historias. Cuando llegue a la vejez, quiero mirar hacia atrás y sentirme orgullosa porque sin importar el resultado material, sabré que perseguí mi sueño con alma y corazón.

La vida nos da muchas oportunidades de subirnos al tren de la satisfacción personal, pero solo nosotros podemos comprar el boleto de admisión y escoger la fecha del viaje.

Yo ya empaqué mis maletas, así que aquí le dejo la historia de esta semana. Amar a alguien, significa apoyar sus proyectos y cambios de vida. Este mes, mi esposo empezó la Dieta Paleolítica por recomendación de uno de mis primos en Colombia durante nuestras vacaciones. Después de sufrir un infarto masivo en 2010—a pesar de llevar una vida sana y de matarse haciendo ejercicio todos los días–mi esposo siempre está en búsqueda de alternativas para mantenerse en forma. Cuando esto ocurrió, yo tenía cinco meses de embarazo, luego la idea de no estar presente para ver a nuestro hijo crecer, aún lo atormenta.

Basándose en esta dieta, mi marido está determinado a eliminar todas los alimentos procesados y comer solo carnes sin grasa, frutas frescas y vegetales sin almidón. El principio de la Dieta Paleolítica, es que debemos seguir el régimen alimentario que los humanos consumían hace millones de años y evitar las comidas fabricadas por el hombre, las cuales, son causa de deficiencia cardiaca, síndrome metabólico, y cáncer entre otros.

Los resultados valen la pena el esfuerzo, y luego de 10 días mi esposo dice que ya siente la diferencia. Lo único que me preocupa, es que un día de estos lo voy a encontrar vestido en piel de leopardo y armado con arco y flecha, listo para cazar los venados en el bosque de nuestra comunidad.

Estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario para que se sienta mejor, y aunque me burle de él, lo único que me importa es su bienestar. Además, él también vive haciendo chistes sobre mí y dice que cuando yo esté mayor—debido a mi dieta rica en carbohidratos, tendré que usar un caminador mientras que él va a estar haciendo flexiones de pecho y “levantándose” a la enfermera que esté encargada de mi cuidado en el hogar geriátrico.

La lección de esta semana es aprender de la disciplina de mi esposo. Todas las mañanas cuando veo la taza de melón, zanahoria, uvas pasas y canela que él se come al desayuno, me parece ver a un conejo con las gafas de mi marido leyendo el periódico en el comedor de la cocina. El tiempo le dará la razón. Eso sí, me tengo que asegurar de mantener la nevera llena para que mi “cavernícola” no sienta la necesidad de irse de cacería o danzar “en pelota” al frente a una fogata en el patio.

Recuerden, nunca es tarde para cambiar nuestros hábitos de alimentación o para sacar la pasión por la escritura, de una maleta.

Gracias por leer. De nuevo bienvenido a mi página http://www.xiomaraspadafora.com y siga con confianza.

Xiomara Spadafora

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