¿Qué diablos es un “tatsi”?

Alguna vez se han cruzado con alguien que tiene dificultad con la pronunciación de las palabras que contienen la letras “X” o “C”? Para mi desgracia, a mí me ocurre con mucha frecuencia.

Durante mis pasadas vacaciones en Colombia, tuve varias conversaciones con personas que hablaban de los “tatsis” y la problemática generada por la competencia con los conductores prestadores del servicio Uber. Cada vez que oía esta masacre de nuestra gloriosa lengua española, me surgía la pregunta ¿Qué diablos es un “tatsi”? Me provocaba darles clase y decirles “Deletreen conmigo T-A-X-I; ¡Taxi!“.

A pesar de que todos somos colombianos, los acentos y las inflexiones de las personas dan la impresión de que fuéramos ciudadanos de diferentes países. Es más, esto no solo ocurre en las diferentes regiones de Colombia, sino dentro de las mismas ciudades debido a la reubicación o desplazamiento de poblaciones. En Estados Unidos, este fenómeno cultural se llama inmigración.

Cada persona en USA tiene su opinión acerca de la inmigración. La mía, es que gracias a ésta, mi vida y las de las personas a mi alrededor es más entretenida. Pregúntenle a una de mis buenas amigas Americanas–que ahora vive en el estado de Georgia pero que me conoció en Jacksonville en 2008, quien disfruta escuchar mis traducciones de dichos y palabras del español al inglés.

Una de las historias que ella más recuerda es mi versión del dicho “Un lobo vestido de oveja“, el cual después de mi traducción, se convirtió en  “El lobo se disfrazó y se maquilló en la casa de la oveja“. Todavía me acuerdo de su cara tratando de encontrarle sentido a mis palabras y al final me preguntó: “¿O sea que el lobo era travesti?

Además de enriquecer la amistad, la inmigración hace que un matrimonio inter-cultural como el mío, sea una aventura excepcional; o pregúntenle a mis esposo. Casi a diario, digo algo que lo hace sonreír; bien sea porque pronuncio mal o porque me invento la palabra. También, suelo confundir ciertos fonemas lo que transforma–un ejemplo equivalente en español–palabras como “arma” en “karma” y “lulo” en “culo”.

La historia que más repite mi marido, ocurrió en una de mis presentaciones de trabajo hace nueve años, antes de que fuéramos novios. Estaba hablando en frente de más de 20 personas–incluyéndolo a él, acerca de cómo incrementar las ventas de seguros a partir de la base de clientes existente. Según él yo dije “Tenemos que arrechar a los clientes“, pero yo realmente dije “Tenemos que acercar a los clientes”. ¿Ahora entienden por qué desde ese momento me empezó a mirar con otros ojos?

Gracias a Donald Trump, contendor para las elecciones del Partido Republicano en 2016, la inmigración está en el centro del debate nacional en Estados Unidos, creando todo tipo de reacciones. No es mi intención polemizar, pero hay algo que me saca de quicio. Aunque soy latina y parte de la comunidad hispana de este país, jamás me sentí ofendida por los comentarios del magnate sobre los ilegales mexicanos, simplemente porque él habló específicamente de los mexicanos, no de los colombianos.

Sin embargo, los hilos del poder de los “mariachis” en las industrias de la comunicación–que tienen sus alcances en casi todos los países de América Latina, cambiaron el discurso y lo re-empacaron como una ofensa de Trump hacia todos los latinos del mundo, en contra de la cual debemos protestar.

Lo único que puedo decir, es que no recuerdo haber visto o leído un llamado a los latinos del mundo para repudiar, por ejemplo, el “meme” que mostraba a los jugadores de la Selección Colombiana de fútbol aspirando la supuesta cocaína en la grama–que en realidad era la espuma para marcar los tiros libres–durante el Mundial Brasil 2014.

Los medios de comunicación de habla hispana, son los titiriteros detrás de este teatro que buscan manipular la población latina de Estados Unidos con fines electorales. ¡Qué verguenza! Me entristece ver como mis compatriotas latinos caen en este espejismo y se sienten orgullosos de pertenecer a un movimiento en contra de la “clase blanca” de este país.

Ojalá pusieran el mismo empeño y se unieran al movimiento de los Americanos, y le agradecieran a este país todas las oportunidades y beneficios que les ha brindado, en lugar de seguir quejándose. Ahora, si aún así es tan malo y les va como a los “perros en misa”, yo les pregunto ¿Por qué no se devuelven a su país de orígen? Yo se la respuesta: porque los Estados Unidos tendrán problemas, pero es mucho mejor que el infierno que dejaron en casa.

En conclusión, desde que este incidente explotó en los medios de comunicación y las redes sociales, aprendí una valiosa lección: mida sus palabras, pues éstas valen y mucho. También, aprendan a pronunciar bien la letra “X”, de lo contrario, se quedarán esperando toda la vida que los recoja un “tatsi” ¡pues éste no existe!

Gracias por leer y compartir.

Xiomara Spadafora

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