El Premio Mayor

Elpremiomayor.jpgEl sábado pasado jugó el Powerball (equivalente del Baloto en Colombia) más jugoso en la historia de los Estados Unidos, con un premio mayor de casi un billón de dólares. El domingo por la mañana–antes de saber que nadie se lo había ganado–no quería verle la cara al ganador en televisión. Me considero una buena persona, pero si me lo encontrara en la calle le hubiera dado un coscorrón por suertudo.

Hablando en serio—nunca le he pegado a ningún extraño en la calle—me imaginé por un instante que me ganaba toda esta plata… “¿Qué haría?”, me pregunté. Luego de una corta consideración, éstas son las primeras cinco cosas que me llegaron a la mente:

Primero, le pagaría al IRS (Dian en Colombia) el 40% de la ganancia ocasional, para poder disfrutar en paz el resto de mis millones sin pensar que me van perseguir para meterme a la cárcel por evasión de impuestos. Inmediatamente, le pagaría a un grupo de lobistas en el congreso para lograr la abolición de esta entidad burocrática en la que abundan zancudos chupa-sangre.

Segundo, establecería herencias para todos mis seres queridos— ¡no empiecen con lambonerías ahora! —y me aseguraría de que nunca les faltara nada. Les financiaría todos sus proyectos de negocios, ideas, fundaciones de caridad y todas las iniciativas que contribuyan a la humanidad, por las cuales estén dispuestos a trabajar incansablemente. ¡Los zánganos que se queden pobres!

Tercero, crearía un fondo para el estudio de las enfermedades mentales en los Estados Unidos. Esta epidemia, ha sido la “papa caliente” que muchos gobiernos han evadido por pura politiquería, a pesar de tener muchas facetas y ocupar los titulares de las noticias a menudo. (De hecho, tengo una candidata que sufre de demencia con la cual podríamos empezar los experimentos ya mismo, pero no puedo revelar su identidad.)

Cuarto, crearía un fondo para la investigación de la energía—no con fines ambientales—sino para encontrar la fórmula para mantenerme a la par de mi hijo. No puedo explicar el cansancio físico y mental que mi muñeco me genera todos los días.

Él puede correr y saltar por dos horas seguidas y estar listo en segundos para una media maratón. Mientras tanto, yo solo puedo caminar en la máquina estática por 25 minutos—como mi abuelita de 80 años–para no lastimarme las rodillas y la cadera. Y después de eso, quedo lista para acostarme a dormir a las 5 p.m.

Ahora que lo pienso mejor, encausaría los esfuerzos de este fondo hacia desarrollar el embotellamiento de la energía innata en los niños para el consumo de las mamás. Ahí está mi propio Baloto. ¡Con esta idea me hago el segundo billón!

Y quinto, financiaría los esfuerzos para encontrar la manera de viajar en el tiempo, no al pasado, sino al futuro. Me encantaría verme en 30 años—si es que aún cuento con la suerte de caminar sobre la Tierra. Me encantaría ver si logré mis objetivos, si mi pelo es gris porque detesto pintármelo, y si decidí hacerme la estirada de las arrugas o la engordada de los labios, los cuales le he prometido a mi marido que jamás me haré.

Pero más que todo, me encantaría ver a mi hijo hecho un hombre. Mi pequeño gigante va a cumplir cinco años en abril, y aunque quisiera que se quedara como mi niño toda la vida, no hallo la hora de saber qué profesión escogerá, que tipo de mujer lo enamorará, y qué pasión en la vida lo impulsará.

Me encantaría saber si se reirá de todos mis chistes, si me abrazará y me apretará la cara entre sus manitas diciéndome, “¡Mírame Mami!” en la oscuridad cuando nos arrunchamos cara a cara a la hora de dormir. Nuestro tiempo juntos está pasando a la velocidad de la luz y no existe suficiente dinero en el mundo para detenerlo.

En fin… ya que el Baloto no cayó el sábado pasado, esta noche tengo otra oportunidad. Nunca había comprado lotería, pero hoy compré un tiquete para mi hijo, mi esposo y para mí. Eso sí, si llegamos a ganar, pienso contratar una familia de impostores para que les den los coscorrones a ellos y no a nosotros.

Gracias por leer y compartir.

Xiomara Spadafora

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2 comentarios en “El Premio Mayor

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