Desafío Dietético

Xiomara Spadafora Eating Challenge

Hace cuatro semanas tomé la decisión de hacer una dieta. La última vez que lo hice, tenía una motivación mucho más fuerte que simple vanidad. Había sido diagnosticada con Diabetes Tipo 1, enfermedad que estaba causando el Síndrome de Ovario Poliquístico. En palabras más claras, el desbalance del nivel de azúcar en mi sangre, estaba atrofiando mi sistema reproductivo y destruyendo mis anhelos de ser mamá.

El tratamiento incluyó una dieta rigurosa—la cual eliminaba los carbohidratos por completo—combinada con una prescripción de Metformina conocida como Glucofage. ¿Cuál fue el resultado? Perdí 30 libras entre marzo y junio y logré regresar mi nivel de azúcar a la normalidad. Jamás en mi vida había estado tan delgada y ojalá hubiera podido disfrutar mis días de flaca un poco más, pero la cigüeña alzó el vuelo en agosto y me trajo mi bebé el siguiente abril.

Hacer dieta es uno de mis mayores desafíos. Mi familia y amigos saben que no hay nada que me quite el hambre. Ni la peor de las gripes—esa que hace perder el sabor de la comida—o infección intestinal, me quita el apetito. Y lo que es peor, me encanta el dulce. Por ejemplo, si me ponen a escoger entre un lomo de res a la parrilla y un galón de helado, escojo el helado. Tal vez por eso la gente me dice que soy muy dulce.

Para completar, hacer dieta hoy en día, requiere un master para descifrar la variedad de comidas orgánicas. Hasta hace poco creía que los “súper alimentos” o super foods son comidas y no miembros de la Liga de la Justicia. Pero hablando en serio, algunas de las comidas sanas de moda son de verdad una ridiculez, ¿o qué piensan de los huevos críados astrológicamente?

Aunque sabía que era difícil, mi desespero pudo más. Luego de ver incontables comerciales de televisión de Nutrisystem—una marca de comidas pre-empacadas que llegan por correo–le dije a mi esposo, “¡Hasta aquí llegué. Estoy cansada de sentirme como un pavo relleno!

En lugar de asombrarse, mi esposo se unió a mi esfuerzo; no solo porque quería apoyarme, sino porque le encanta todo lo relacionado con el mundo fitness y le fascina probar maricadas orgánicas.

Para no alargar el cuento, las cajas de comida llegaron y empezamos la dieta el jueves 21 de julio. En general, lo que más me gustó era que no tenía que pensar en qué comer. Todo tenía letreros y lo único que tenía que hacer era calentar en el microondas y ya. Aunque era comida como para astronautas, era comestible, especialmente las mini pizzas y los postrecitos.

Otra cosa que me encantó fue que no tenía que preocuparme por cocinar—solo para mi pequeño hijo—y mi marido dejó de ir a hacer mercado. Nunca podré entender, ¿por qué cuando va a la tienda, tiene que comprar dos cosas de todo? Parece que comprara comida para un equipo de fútbol o que tuviera una familia de refugiados escondida en la casa.

Entonces, pasó la primera semana y bajé 4 libras y mi esposo 5. La segunda semana bajé una libra y mi esposo 2. A la tercera semana, el sabor de la comida empacada se me atascó en el pescuezo y como la mayoría de las comidas contenían fríjoles, me causaron molestias estomacales y síntomas vergonzosos y poco femeninos.

A pesar de que estaba obteneniendo buenos resultados, paré la dieta el jueves pasado. Llamé a la línea de servicio al cliente y pedí las instrucciones para devolver las comidas que me quedaban.

En ese momento me enteré de que tenía que correr con los gastos del envío. Como siempre las ofertas de televisión le ven a uno la cara de pendejo con el cuento de “Y pagamos el envío!” Pero éste es solo para comprar, no para regresar. Tuve que pagar $41 dólares por la bendita caja y todavía estoy esperando que me regresen mi dinero.

En conclusión, perdí 6 libras en 3 semanas, pero honestamente creo que mi pérdida de peso fue porque como no me gustaba el sabor, me comía solo la mitad. Aunque no continué con la dieta, logré chocar mi metabolismo y me estoy acostumbrando a comer menos, pero más seguido, para evitar comer de más al almuerzo y la cena.

Por el contrario, mi marido—quien es una persona mucho más disciplinada que yo—siguió juicioso con su dieta y ha seguido perdiendo peso. Otro beneficio es que por fin entendió, que no importa qué tan saludable un alimento es, si come la porción de Pedro Picapedra, se va a engordar.

Sentirse bien vale la pena cualquier sacrificio, especialmente si hay que huirle a una enfermedad como la diabetes. Solo espero que por reducir mi consumo de azúcar no me convierta en una vieja amargada.

Gracias por leer y compartir.

Xiomara Spadafora

Esta columna fue patrocinada por BrightComp. La Solución Inteligente de Worker’s Compensation. Llame Hoy! (888)208-8119

 

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