Mentiras Contagiosas

Xiomara Spadafora Culture of Lying

Cuando yo era niña, decir mentiras era un pecado. Los mayores le daban a uno sermones interminables en los que explicaban por qué la confianza era como un jarrón de barro; así se pudieran pegar los trozos rotos, siempre se verían las grietas. Y aunque dije mis mentiras sobre todo para irme de rumba–pregúntenle a mi mamá–por lo menos trataba de que no me descubrieran.

Pero el mundo ha cambiado y decir la verdad parece un animal en extinción. La historia del medallista de oro olímpico norteamericano, Ryan Lochte, y su aventura imaginaria de policías y bandidos en las calles de Rio son el ejemplo más reciente de esta epidemia. Muy a menudo personalidades que viven en la luz pública–políticos, periodistas, deportistas y celebridades–se lavan las manos así hayan dejado las huellas del delito por doquier. ¿Por qué? Porque tienen suficiente poder o dinero para reinventar la verdad.

La semana pasada cuando vi la noticia de Reuters en Twitter, lo que más me perturbó fue que el nadador le hubiera mentido a su propia mamá. ¡Qué desconsideración! Luego, a medida que pasaron los días y las discrepancias aumentaron, era claro que las autoridades brasileñas iban a roer el hueso como un pitbull hasta que encontraran la verdad.

¿Qué logró Lochte? Avergonzar a su delegación, al país anfitrión y robarle la gloria a cientos de atletas que compitieron con honor para ganar sus medallas, quienes nunca llegaron a ser protagonistas de las noticias. Para completar, varios noticieros trataron de minimizar el incidente y se refirieron al nadador como un jovencito y no como un hombre que está a solo ocho años de cumplir los 40.

Pocos días después del alboroto, Lochte divulgó una disculpa entre dientes por Twitter y luego dio declaraciones en las que dijo, “Cometí un error, pero ya pasó” ¿Ya pasó? ¡Si yo fuera él, estaría buscando trabajo en un equipo de buceo para tener la careta de respiración puesta todo el tiempo sin que nadie me reconociera!

La triste realidad es que, como muchos otros famosos, el nadador norteamericano tal vez perderá uno o dos contratos publicitarios, pero al final no habrá repercusiones disciplinarias. Amanecerá y veremos.

Cuando era estudiante de periodismo, recuerdo que la “verdad” no tenía versiones. La fuente de la noticia era caracterizada como verdadera o falsa. Es más, los sinónimos más comúnes para la mentira eran falsedad, ficción o engaño.

Sin embargo, nuevos sinónimos han tomado el lugar en las páginas de los periódicos y los noticieros. Hoy en día los periodistas se refieren a la acción de mentir como algo presunto, algo que no ha ocurrido. Tanta palabra complicada lo que hace es liberar al autor del engaño de toda responsabilidad cuando en realidad lo único presuntuoso es que no dijo la verdad.

Esta cultura de mentiras en Estados Unidos es la que por ejemplo, le ha salvado el pellejo a jugadores de fútbol americano que agarran a golpes a sus esposas como si estuvieran en una pelea con Mike Tyson y son capaces de negar sus acciones aunque las autoridades tengan los videos de las cámaras de seguridad.

Mi pequeño hijo tiene cinco años y ya está comprendiendo la diferencia entre decir la verdad o mentir. Ha empezado a inventar historias con su prolífera imaginación y a probar hasta dónde se puede salir con la suya. Pero como lo conozco mejor que nadie, y puedo leer las mentiras en sus ojitos, le hago preguntas de las cuales conozco las respuestas para ver qué me dice.

Gracias a Dios su inocencia aún está intacta y aunque se meta en un lío, me responde con sinceridad. Entonces, ¿por qué es tan difícil para algunos adultos decir la verdad?

Criar hijos en medio de esta cultura de mentiras contagiosas es un reto. Lo único que puedo hacer es enseñarle a mi hijo con ejemplo que, la reputación y la honestidad no tienen precio y que aunque a uno no lo descubran, las mentiras se llevan por dentro y jamás se olvidan.

Gracias por leer y compartir.

Xiomara Spadafora

Esta columna fue patrocinada por BrightComp. La Solución Inteligente de Worker’s Compensation. Llame Hoy! (888)208-8119

2 comentarios en “Mentiras Contagiosas

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