“Todo lo que puede suceder, sucede” Parte I

La familia de mi esposo está repartida por todo Estados Unidos. El hermano mayor vive en Texas, la hermana en Missouri, el hermano del medio en Ohio, y nosotros en la Florida. Desde la muerte de mi suegra hace cinco años, nunca se había reunido la familia completa. Por esta razón, se propusieron lograrlo este verano.

El plan consistía en compartir cinco noches y seis días –empezando el domingo—en el famoso balneario de la Florida llamado Destin, que queda en el Golfo de México. Mi esposo tiene un amigo que vive cerca a esa ciudad así que decidimos que el “combo”–mi esposo, su hija de dieciséis años, nuestro hijo de cuatro años y este pechito– viajara el sábado en lugar del domingo para visitarlo y pasar la noche en su casa. Sigue leyendo ““Todo lo que puede suceder, sucede” Parte I”

La Garra de Sasha

A Rusty y Sasha, mis hijos perrunos, les fascina marcar su territorio cuantas veces sea posible cuando salen de la casa. Rusty levanta la pata mil veces y pretende mojar postes y árboles así no le salga ni una gotica. Aunque Sasha es hembra, también le fascina acurrucarse y dejar su esencia por doquier. Nunca me había percatado de ese rasgo de su personalidad, pues pensé que era cosa de la edad. ¡Carajo, yo voy al baño por lo menos 30 veces al día! Sigue leyendo “La Garra de Sasha”

Volverá a Florecer

Durante el fin de semana festivo tuve la fortuna de compartir tiempo con dos de mis mejores amigas –una, compañera de aventuras de la Facultad de Comunicación Social en la Universidad Javeriana de Bogotá, y la otra, su prima que vive en Miami y que conocí cuando me mudé a los Estados Unidos. Debido a la distancia que existe entre las tres, el punto medio de encuentro siempre es la casa de la que vive en Orlando.

Mi esposo y mi hijo se quedaron en casa y me dieron el día libre–¡cosa que jamás había ocurrido y que ahora pienso hacer más seguido!–para viajar a Orlando y encontrarme con mis “mosqueteras”. Desde mi llegada y durante 20 horas continuas, las tres amigas hablamos sin parar de todo lo que nos había ocurrido en los últimos dos meses. Como diría uno de mis tíos que en paz descanse: “Éstas viejas están jugando La que respira pierde la palabra“. Sigue leyendo “Volverá a Florecer”

Garras de Águila

El próximo lunes es el festivo Memorial Day. A diferencia de Colombia –que tiene días feriados para todos los santos católicos, y festivales con reinado incluido para todos los granos, vegetales y frutas– en Estados Unidos apreciamos los pocos “holidays” o puentes que hay. Este fin de semana prácticamente inicia el verano de 2015 y con este, el desfile de personas que les encanta mostrar sus atributos en camisetas esqueleto y sus garras de águila en sandalias. Sigue leyendo “Garras de Águila”

Trasquilada

Rusty, mi perro gozque -mezcla de Shiba-Inu y Terrier- tiene pelo corto pero muy tupido por lo cual, tengo que afeitarlo todos los años por esta época cuando la temperatura empieza a subir. De lo contrario, mi pobre animalito viviría sudando igual que un esquimal en una plaza de mercado de tierra caliente al medio día. A pesar de sentir la frescura, Rusty siempre regresa a la casa con una actitud de rebeldía. El miércoles pasado entendí por qué. Sigue leyendo “Trasquilada”

Relación con el paciente: Mamá

Nunca olvidaré la primera vez que escribí la palabra ‘mamá’ para refererirme a mi. Dos días antes de la inducción de mi parto -5 de abril de 2011- tuve que ir al hospital Baptist South Medical Center a firmar varios documentos para la admisión.

La enfermera resaltó con un marcador las líneas que debía completar entre las cuales estaba la que decía “parentezco con el paciente”, refiriéndose a mi bebé. En ese momento me cayó un rayo y dije en voz alta “¡Dios mio! es la primera vez que lo escribo. Soy una mamá!“, la enfermera sonrió. Sigue leyendo “Relación con el paciente: Mamá”

Súper Héroe

El martes pasado, mi esposo tenía una reunión muy importante en Sarasota, Florida. Si recuerdan, él se lesionó la espalda y la pierna jugando golf a principio de abril.

Tengo que confesar que la primera semana me reía a su espalda cada vez que lo veía cojear pero hoy, más de tres semanas después y una docena de terapias de medicina quiropráctica, el corazón se me arruga cuando lo veo sufrir. Por esta razón el lunes en la noche le dije: “No creo que deberías manejar baby. ¿Qué te parece si te acompañamos?“. Su cara se iluminó. Sigue leyendo “Súper Héroe”

“¡Esta perra desgraciada…!”

La semana pasada, Sasha, my perrita rescatada que es una mezcla de Beagle y Labrador, tuvo Sistitis. Así es, a las perras también les da Sistitis como a las mujeres. La diferencia es que nosotras podemos identificar los síntomas y tomar remedios para calmar el dolor. Las perras, por el contrario, tienen que confiar en sus amos y esperar que estos identifiquen las señales para que las lleven al veterinario y recibir el tratamiento adecuado. Sigue leyendo ““¡Esta perra desgraciada…!””

Óptima Mamá

El domingo pasado, fue la fiesta de cumpleaños número 4 de mi hijo. Pensé que había aprendido algo de los preparativos de las tres anteriores, pero no. Nuevamente corrí como una gallina sin cabeza las últimas dos horas antes de que empezara la celebración.

Tenía que recoger las cosas que me faltaban en dos tiendas diferentes y transitar en medio del tráfico de misa de Domingo. Yo vivo en Jacksonville, al norte de la Florida, y en ésta ciudad ¡hay una iglesia en cada esquina! Bueno tampoco, pero sí hay muchas. Aleluya. Sigue leyendo “Óptima Mamá”

Mente loca en cuerpo sano

XiomaraSpadafora-Si Mi Amor

La semana pasada mi esposo empezó a cojear de un momento a otro. Le pregunté: “¿Estás bien?” a lo que me contestó, “Sí mi amor, estoy bien…” Un par de días después seguía igual y empezó a quedarse callado–esa es mi señal para saber que algo serio le esta pasando. Volví y a preguntarle, “¿Estás bien?” y me volvió a contestar, “Si mi amor, estoy bien…”, mientras estiraba las piernas en la sala de televisión, con gemidos y malas palabras entre los dientes.

Llegó la noche del viernes y luego de jugar 18 hoyos de golf con un par de amigos–aunque le recomendé que se quedara descansando–entró a nuestra habitación casi arrastrándose y se acostó en la cama. Le pregunté por tercera vez si estaba bien, pensando que me iba a contestar con la misma mentira, pero se agarró la cabeza y me dijo, “¡Este maldito dolor me va a enloquecer!” . 

Me mostró que el dolor le empezaba en la ingle e iradiaba la pierna hasta a la rodilla. Salté de la cama a buscar un spray para dolores musculares–de los que causan frío al principio y luego calor–y se lo apliqué en toda la pierna como si estuviera pintando un mueble.

El efecto frío del mentol empezó al cabo de un par de minutos, pero la cara de mi marido pasó de alivio a dolor cuando empezó a sentir el ardor. Abrió los ojos y me dijo, “Lo que me faltaba, ¡Ahora tengo las pelotas en fuego!“.

Al día siguiente, mi pobre esposo estaba desesperado, no solo por el dolor, sino por tener que quedarse quieto. Salió a la farmacia y compró bendas y esparadrapos como para forrar una familia de momias. Cuando llegó a la casa, se enrolló la pierna a la altura de la ingle y se apretó con el esparadrapo casi cortando la circulación. Mi hijo, mis dos perros y yo, mirábamos la pierna, fíjamente, esperando que se pusiera morada.

Sintiéndose mejor,  mi esposo comenzó a saltar como un boxeador y dijo, “¡Uy que berraquera! Me siento como nuevo. Yo creo que hasta puedo ir al gimnasio“. Yo me quedé mirándolo sin decir nada.

En menos de treinta minutos se desesperó, se quitó el bendaje y llenó una bolsa de hielos para ponérsela sobre la ingle, moviéndola frecuentemente para que no se le congelaran “las joyas”. Y así terminó la tarde: sentado, callado y aburrido.

Ahora, después de ver a mi esposo “penando” esta Semana Santa en silencio, aprendí unas valiosas lecciones:

1.) Nada duele tanto como el orgullo. Mi esposo prefirió desgarrar músculos y tendones antes que mostrar debilidad delante de sus amigos.

2.) Hay que reconocer las limitaciones del cuerpo con el paso del tiempo. Aunque el espititu de mi esposo es el de un hombre de veinte años, el cuerpo ya no es el mismo y necesita lubricante en las visagras.

3.) Definitivamente mi esposo se equivocó de profesión. Habría sido un excelente agente encubierto de la CIA, ¡pues se aguata cualquier tortura!

Gracias por leer y compartir.

Xiomara Spadafora

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