Mi Esposo “Vintage”

MiEsposoVintageAyer fue el cumpleaños número 56 de mi esposo  lo cual lo cataloga como vintage, no por la cantidad de años vividos, sino porque–como los vinos finos–fué el mejor producido en su año.

Ante mis ojos, mi marido es un hombre muy guapo y aparentaría menos años si su cabeza no fuera como una papa salada. Sin embargo, las mujeres lo miran y la verdad no me preocupa. Ya van a entender por qué. Sigue leyendo “Mi Esposo “Vintage””

El Ritmo de la Vida

El domingo pasado al terminar de almorzar, me quedé practicando la letra G con mi hijo en el comedor de la cocina. De repente mi esposo, quien estaba sentado en el sofá de la sala de televisión, me llamó. Cuando me volteé a mirarlo, me susurró con los ojos encharcados “Es el mismo dolor, creo que tenemos que ir al hospital”. El reloj se detuvo y el recuerdo de su infarto masivo el 7 de diciembre de 2010, empezó a pasar al frente de mis ojos como si estuviera en el cine.

Llegamos a la Sala de Emergencia, le tomaron un electrocardiograma y nos hicieron pasar a una sala de observación, acompañados por un equipo médico que no paraba de hacer preguntas. El enfermero le canalizó la vena en minutos y tomó una muestra de sangre. Tomados de la mano, los dos respirábamos como peces fuera del agua, en silencio. Cuando llegó la técnica de Rayos-X, me pidió que le quitara la cadena y el Cristo de oro del cuello y que esperara afuera. Le di un beso y me salí a llorar. Sigue leyendo “El Ritmo de la Vida”

Noche de Pareja

El pasado sábado, mi esposo y yo salimos a tomarnos un trago por primera vez en casi dos meses. Inicialmente, pensábamos ir a cenar y pasar la tarde caminando por las calles adoquinadas de San Agustín, la ciudad más antigua de la Florida.

Pero a medida que el día progresó, la fatiga del corre-que-corre entre mandados de fin de semana, se nos sentó encima como un elefante y terminamos en la pizzería que queda a dos cuadras de nuestra casa.

Antes de salir, cenamos con los niños en familia una nutritiva cena–comida china a domicilio–y preparamos a mi chiquitín para dormir. Le dimos las instrucciones a la hermana mayor sobre el cuidado y las reglas de la hora para irse a dormir, y salimos huyendo de la labor de padres por un par de horas. Sigue leyendo “Noche de Pareja”

“Marido Feliz, Mujer de Compras”

Con mucha frecuencia escucho a los esposos—incluido el mío—decir, “Esposa feliz, vida feliz”, cuando se refieren a conceder las peticiones de sus esposas—muchas veces incomprensibles para ellos–con tal de llevar la fiesta en paz en la casa. Lo que me llama la atención, es que nunca he oído un dicho que se refiera a la felicidad de los maridos y por ende, la felicidad de sus mujeres.

Tal vez recuerden mi columna del 12 de Agosto, “¿Quién dijo que era tarde?” en la cual les contaba la aventura de mi esposo al comenzar la Dieta Paleolítica. Bueno, han pasado dos meses y los cambios, considerables, vale la pena compartirlos. Sigue leyendo ““Marido Feliz, Mujer de Compras””

“Mi amor… estoy tan aburrido”

Solo dos semanas han pasado de las vacaciones más largas que he tomado desde que me casé, y ya puedo escuchar la ansiedad en la voz de mi esposo cuando hablamos por teléfono. Además del acostumbrado “Te amo y te extraño” al final de nuestras conversaciones, mi esposo me dijo anoche: “Mi amor… estoy tan aburrido”.

A pesar de que nuestros días sean ocupados, maridos y mujeres comparten un espacio especial en el tiempo, que sin importar su duración, construye los lazos del matrimonio. Cuando uno está soltero es difícil imaginar pensar en otro. Nunca hay tiempo para pensar en las necesidades de alguien más cuando nuestros objetivos personales son la meta para alcanzar. Sigue leyendo ““Mi amor… estoy tan aburrido””

“¡Pero claro que sé prender la lavadora!”

Cuando lean esta historia, mi hijo y yo estaremos en el Aeropuerto Internacional de Orlando próximos a abordar el avión de Copa Airlines con destino a Bogotá, Colombia. Por primera vez en los 10 años que llevo viviendo en Estados Unidos desde que me mudé en 2005, estaré en mi ciudad natal por un mes completo. Si yo estaba como un “marrano estrenando lazo” de la felicidad antes del viaje, imagínense a mi Mamá –soy su única hija y mi hijo es su único nieto. Ahora, si bien es cierto mi alegría era incontenible, también me embargó la ansiedad de dejar a mi marido a cargo de las labores del hogar y de mis perritos, Rusty y Sasha. Sigue leyendo ““¡Pero claro que sé prender la lavadora!””

Súper Héroe

El martes pasado, mi esposo tenía una reunión muy importante en Sarasota, Florida. Si recuerdan, él se lesionó la espalda y la pierna jugando golf a principio de abril.

Tengo que confesar que la primera semana me reía a su espalda cada vez que lo veía cojear pero hoy, más de tres semanas después y una docena de terapias de medicina quiropráctica, el corazón se me arruga cuando lo veo sufrir. Por esta razón el lunes en la noche le dije: “No creo que deberías manejar baby. ¿Qué te parece si te acompañamos?“. Su cara se iluminó. Sigue leyendo “Súper Héroe”

Mente loca en cuerpo sano

XiomaraSpadafora-Si Mi Amor

La semana pasada mi esposo empezó a cojear de un momento a otro. Le pregunté: “¿Estás bien?” a lo que me contestó, “Sí mi amor, estoy bien…” Un par de días después seguía igual y empezó a quedarse callado–esa es mi señal para saber que algo serio le esta pasando. Volví y a preguntarle, “¿Estás bien?” y me volvió a contestar, “Si mi amor, estoy bien…”, mientras estiraba las piernas en la sala de televisión, con gemidos y malas palabras entre los dientes.

Llegó la noche del viernes y luego de jugar 18 hoyos de golf con un par de amigos–aunque le recomendé que se quedara descansando–entró a nuestra habitación casi arrastrándose y se acostó en la cama. Le pregunté por tercera vez si estaba bien, pensando que me iba a contestar con la misma mentira, pero se agarró la cabeza y me dijo, “¡Este maldito dolor me va a enloquecer!” . 

Me mostró que el dolor le empezaba en la ingle e iradiaba la pierna hasta a la rodilla. Salté de la cama a buscar un spray para dolores musculares–de los que causan frío al principio y luego calor–y se lo apliqué en toda la pierna como si estuviera pintando un mueble.

El efecto frío del mentol empezó al cabo de un par de minutos, pero la cara de mi marido pasó de alivio a dolor cuando empezó a sentir el ardor. Abrió los ojos y me dijo, “Lo que me faltaba, ¡Ahora tengo las pelotas en fuego!“.

Al día siguiente, mi pobre esposo estaba desesperado, no solo por el dolor, sino por tener que quedarse quieto. Salió a la farmacia y compró bendas y esparadrapos como para forrar una familia de momias. Cuando llegó a la casa, se enrolló la pierna a la altura de la ingle y se apretó con el esparadrapo casi cortando la circulación. Mi hijo, mis dos perros y yo, mirábamos la pierna, fíjamente, esperando que se pusiera morada.

Sintiéndose mejor,  mi esposo comenzó a saltar como un boxeador y dijo, “¡Uy que berraquera! Me siento como nuevo. Yo creo que hasta puedo ir al gimnasio“. Yo me quedé mirándolo sin decir nada.

En menos de treinta minutos se desesperó, se quitó el bendaje y llenó una bolsa de hielos para ponérsela sobre la ingle, moviéndola frecuentemente para que no se le congelaran “las joyas”. Y así terminó la tarde: sentado, callado y aburrido.

Ahora, después de ver a mi esposo “penando” esta Semana Santa en silencio, aprendí unas valiosas lecciones:

1.) Nada duele tanto como el orgullo. Mi esposo prefirió desgarrar músculos y tendones antes que mostrar debilidad delante de sus amigos.

2.) Hay que reconocer las limitaciones del cuerpo con el paso del tiempo. Aunque el espititu de mi esposo es el de un hombre de veinte años, el cuerpo ya no es el mismo y necesita lubricante en las visagras.

3.) Definitivamente mi esposo se equivocó de profesión. Habría sido un excelente agente encubierto de la CIA, ¡pues se aguata cualquier tortura!

Gracias por leer y compartir.

Xiomara Spadafora

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